Artxibo rtf
(47 - 2009ko Martxoa)

Una lectura crítica de los resultados de EA

La lectura crítica de los resultados que el nacionalismo ha obtenido en estas elecciones vascas comienza, en primer lugar, por reconocer la claridad con la que ha vencido el PNV. EA, por su parte, se ha quedado en casi nada, vaciada por el superior atractivo de la oferta Ibarretxe. Aunque entre ambos, que en 2001 y 2005 se presentaron en coalición, han perdido desde la primera fecha hasta el presente 170.000 votantes. El espacio político de este nacionalismo, que comparte troncalidad, se ha estrechado de una manera muy importante y llamativa. Este hecho viene a incidir en la necesidad de un impulso de regeneración en el nacionalismo vasco en su conjunto.

En todo caso, el objeto de mi artículo es singularizar ese análisis, examinar la derrota electoral de EA y plantear los probables caminos que  se le abren a nuestro partido a la hora de abordar la enorme crisis en la que esta inmerso. ¿Qué ha sucedido? EA ha perdido la mitad de sus votos en 20 meses. En Bizkaia, estamos fuera de juego. En Araba, casi. En Gipuzkoa, reducidos a una presencia residual.

En primer lugar, hay que rechazar esa manifestación que pretende diluir las responsabilidades de lo que ha ocurrido en el colectivo. Es evidente que las responsabilidades no alcanzan a todo el partido, sino que son sólo responsables aquellos que, con sus acciones y decisiones, han creado o ayudado a crear las causas directas del desastre. Por precisar, ¿qué responsabilidad se le puede imputar a la territorial guipuzcoana, que ante estas elecciones ha sido condenada al silencio y sepultada en vida?

En el fondo de esta caída electoral hay, por supuesto, muchas cosas. Yo me limitaré a citar dos, que son a mi juicio las causas decisivas del fracaso. En primer lugar, la ruptura de la coalición nacionalista. Una ruptura que ha ocasionado el debilitamiento del nacionalismo en su conjunto. Pero, sobre todo, una ruptura que ha acarreado mayores y más graves consecuencias por el momento en el que se ha producido, en un momento de gran polarización electoral. En segundo lugar, también es causa de la derrota, la ciaboga que ha dado la dirección de EA en el ámbito del discurso político. Una ciaboga tras la que muchos votantes han visto un deslizamiento hacia el extremo político, alejándose de la posición integradora en la que estaba hacia uno de los polos que tensionan la política vasca. Por ejemplo, la imagen de la colaboración entre EA y ANV en Azpeitia, y la defensa que de esta colaboración realizó Irujo al presentarla como modelo del llamado ‘polo soberanista’ ha mellado las posibilidades de EA.

¿Cuál es la solución de la crisis de EA? La solución debería venir, si el sentido común impera, por una autocrítica en profundidad, por recuperar la trayectoria y la posición fundacional, apartándose de la tentación de acercarse o sustituir al polo rupturista y por realizar un esfuerzo integrador sincero en el seno del partido. Sin embargo, los primeros pasos que ha dado la dirección nacional de EA no apuntan a una auténtica solución. Ha habido una dimisión –sólo una-, pero sin autocrítica. Se sostiene, al parecer, que no se ha hecho nada mal, sino que es la sociedad la que no ha estado madura. Y son los medios, los que nos han ninguneado. El debate político –la rectificación que exige la Ejecutiva Regional de Gipuzkoa- ha sido aplazado. En el Congreso sólo se abordará, si no se logra remediarlo, un ‘quítate tu para ponerme yo’. Los pasos que se están dando, además, no favorecen la integración interna.

Si se reincidiera en el rumbo equivocado, sería un nuevo error. Con agravante. Cada paso que damos con el rumbo equivocado, más nos aleja del rumbo correcto. Más diluye nuestras expectativas. Pero, EA tiene misión. En este momento en el que el nacionalismo de raíz histórica necesita un impulso de reactivación, EA debe tener un papel decisivo. Papel que adquiere legitimidad en la recuperación de la conducta que caracterizó a EA desde su origen, como oferta renovadora a la sociedad, y adquiere credibilidad con el regreso a la línea positiva de cauce central, participando de un espacio de carácter integrador sin renuncias, pero lejos de los polos o inclinaciones frentistas.
Joxan Rekondo