Artxibo rtf
(48 - 2009ko Ekaina)

TIEMPOS DE CRISIS Y DE OPORTUNIDADES

Los resultados electorales habidos en las pasadas elecciones al Parlamento Europeo ponen de manifiesto una tendencia que se puede apreciar desde las elecciones de 1999: el lento pero progresivo aumento del espacio electoral cubierto por los partidos de obediencia estatal frente a los partidos abertzales. Tomando únicamente el ámbito de la CAV, si analizamos el porcentaje de voto que suman PSOE y PP, podemos apreciar que mientras en el año 1998 era del 37,73% de los votos a candidaturas (votos válidamente emitidos menos votos en blanco), en las elecciones del 2001, ascendió al 41,02%, en las del 2005 se quedó en el 40,08% y, en las últimas elecciones del 2009, ha sido de un 44,8%.

En las elecciones al Parlamento Europeo el porcentaje ha ido del 39,98% en las elecciones de 1999, al 49,57% en las elecciones del 2004 –en las que no hubo oferta electoral de la izquierda antisistema- y ha alcanzado el 43,91% en las recientes elecciones. La primera impresión que puede dar esta aproximación, es que la hipótesis que citábamos anteriormente no se cumple. Sin embargo tal conclusión se presentaría como errónea, si tenemos en cuenta la evolución de la tendencia al voto al nacionalismo vasco, incluyendo también a Aralar -a lo que nos obliga su presentación conjunta con EA en las pasadas elecciones-. Así, mientras en el año 2004, alcanzó el 44,6% de los votos a las candidaturas, en el año 2009 únicamente se ha obtenido el 34,45%.  Esto es ha tenido un descenso de más de 10 puntos, frente al del nacionalismo español que solamente ha sido de casi 6 puntos.

Esta tendencia progresiva de disminución de suelo abertzale en el ámbito territorial de la CAV, junto con la pérdida del gobierno, desde la legitimidad parlamentaria que no de la sociológica, debe convertirse en una oportunidad que lleve al nacionalismo vasco a un proceso de reflexión y autocrítica.

El nacionalismo español ha diseñado una estructura jurídica que, desde el paraguas constitucional y el procedimiento de designación de su máximo interprete, tiene capacidad legal para embridar las legítimas aspiraciones que pueden tener una parte importante de los vascos a un mayor nivel de autogobierno o, incluso, a la independencia. Controla los principales medios de comunicación en el País y, por consiguiente, los mensajes que se trasladan al conjunto de los ciudadanos, y ha demostrado, singularmente el Partido Socialista, una gran capacidad de adaptación presentando como propios algunos de los que han sido principales ejes del nacionalismo vasco en los últimos años, como la defensa del Estatuto de Gernika, a pesar de haber sido su principal incumplidor, tanto bajo la presidencia de González como la de Zapatero.

Si algo han demostrado los últimos procesos electorales es que es un error hacer política desde el voluntarismo, sin medir las correlaciones de fuerzas, no sólo en el ámbito de la CAV, sino también en  el conjunto del estado. También, que el dogmatismo, con la adopción de conceptos ajenos a la tradición foral vasca, como el  del soberanismo,  -de raiz absolutista monárquica y asumido como propio por el jacobinismo francés-, conduce al fracaso electoral.

Por otro lado, los centros de interés de los vascos del 2009, no son los mismos que los de otras generaciones. Mientras en el pasado había un enemigo fácilmente identificable que reprimía toda expresión de lo vasco, nuestra actual población asume con naturalidad su condición,  puede expresarla en libertad y tiene acceso, si así lo desea, a interiorizar, hacer propios y emplear, lo que son algunas de sus principales señas de identidad, singularmente, el euskera, más allá de la desigualdad en que se encuentra frente al castellano, fundamentalmente, en el ámbito de lo público

En este contexto caracterizado: por un cambio sociológico en las preocupaciones e inquietudes de nuestro Pueblo, por el control de la estructura jurídica y el de los medios de comunicación por el nacionalismo español y por haber acreditado una mayor capacidad de adaptación que la que ha mostrado el nacionalismo vasco, tanto en los mensajes como en la asunción de sus principales totems, ya no es suficiente con decir que los vascos queremos libertad frente a un adversario opresor, para unir a la mayoría sociológica del País. No se puede hacer más política desde la simplicidad. Los asuntos públicos son cada vez más complejos, están más mediatizados por otras políticas y las opciones son más plurales, lo que obliga a un mayor nivel de conocimiento, de análisis y de explicación,  en un contexto como el actual, con niveles de formación como nunca hemos tenido en nuestra historia, pero también con un creciente desinterés hacia la política, acrecentado en las capas sociales más jóvenes.

El desprestigio de lo público unido a la incertidumbre e inseguridad que genera la vida política en los más capaces, ha traído consigo que se haya venido produciendo, con las matizaciones que debe traer toda generalización como la que se hace,  una incorporación a la participación en los partidos políticos de personas que se aproximan a los mismos, más desde el propio interés personal, convencidas de que van alcanzar una proyección o niveles retributivos que no alcanzarían a tener en el ámbito de lo privado,  que desde el convencimiento en la lucha por unos ideales, como el de hacer una sociedad más libre y más justa.

Esta “mediocratización” de la vida política se opera, por definición, con más intensidad, en los partidos que detentan el poder que en aquellos que se encuentran en la oposición. Las personas que se aproximan a estos últimos lo suelen hacer, no por la búsqueda de un status superior al que detentan sino desde una concienciación mayor, desde el convencimiento en la justa causa que empuja su participación política, que se acentúa en contextos sociológicos que no les son afines. Por el contrario los partidos gobernantes suelen sufrir un proceso de adulteración, que se convierte en un adecuado caldo de cultivo para el ascenso de los aduladores y los correveidiles,  lo que se agrava cuando esa gobernación es prolongada en el tiempo. Es esta detentación del poder político de manera continuada, la que puede llevar, asimismo,  a una concepción patrimonialista del mismo y a la consiguiente desorientación derivada de su pérdida, como la que estamos sufriendo en la actualidad.

El nacionalismo vasco se encuentra, por tanto, ante un contexto político, jurídico y mediático que le es hostil, desplazado del poder del gobierno y de la proyección que tienen su labor en el conjunto de los ciudadanos, con una disminución del tejido asociativo que, tradicionalmente, ha tenido desde los tiempos del Lehendakari Agirre, con unos cuadros que no son los mejores de su historia, desorientado y excesivamente fragmentado, atomización que se ha visto acrecentada con el nacimiento del Alkarbide, obligada por el sinsentido de que, quienes imponían la línea oficial de EA no eran los que tenían el respaldo de la mayor parte de los ciudadanos que votaban esta opción política y, al mismo tiempo,  condenaban  al ostracismo en el seno del partido, a los que alcanzaban un mayor crédito electoral.

Sin embargo los tiempos de crisis son tiempos de oportunidades. Los prudentes mensajes lanzados por la dirección de EAJ, hacen confiar en un futuro esperanzador. La principal labor que debe de acometer es la de retejer su presencia en la sociedad civil, abrirse a la misma, sin quedar cerrado en las cuatro paredes de un batzoki y, desde ahí,  acomodar su estrategia y su mensaje a la realidad sociológica vasca actual, sin renunciar a lo que forma parte de su esencia: la negación de la imposición al Pueblo vasco de cualquier otra voluntad contraria a la que democráticamente adopten el conjunto de sus ciudadanos. El nacionalismo vasco dispone de recursos humanos, de acreditada valía y competencia, en el ámbito académico, científico, profesional, empresarial o social, que tienen un perfecto conocimiento de las redes sociales existentes en su esfera de actuación, que están dispuestos a colaborar de manera desinteresada al servicio del País y que, incomprensiblemente, han sido arrinconados y marginados en otros tiempos que, afortunadamente, parecen superados por su actual dirección. Y, al mismo tiempo, resulta necesario incorporar y dar proyección a nuevas voces, nuevos rostros, que se vayan formando y que, de manera paulatina, tengan una presencia pública mayor. Lo están haciendo el Partido Socialista y el Partido Popular, con más errores que aciertos.

Esa creación de ese tejido asociativo, que sea capaz de crear un discurso no ideado en un laboratorio jurídico-político, sino que conecte con los anhelos y las aspiraciones de la mayor parte de los vascos y que pueda hacerse efectivo mediante la utilización de los nuevos medios de comunicación telemáticos,  se hace imprescindible si se quiere hacer frente a  los mensajes que de manera, a veces subliminal y otras directa, se han venido lanzando por los principales medios de comunicación y que se van a acentuar, tratando de dar cobertura, por un lado, al actual gobierno y, buscar la descalificación de su oposición, por otro. Muy recientes muestras de esto último son las verdades a medias de la inexistencia de una unidad de lucha antiterrorista en la Ertzaintza o el que, se sostenga que, por primera vez el ejecutivo vasco, condena sin matices ni ambigüedades la violencia etarra.

Es el tiempo de la inteligencia, de la reflexión meditada, de la unión, del abandono de los recelos y, de pedir y de buscar la contribución de todos los abertzales que comparten valores democráticos, en la causa común de la  libertad vasca. No lo vamos a tener fácil. Las primeras decisiones del nuevo Gobierno vasco acreditan que el Partido Socialista no va a entrar en el ejecutivo como un elefante en una cacharrería. Vamos a ver que ocurre en la política lingüística que siga el departamento de Educación. De momento, hay que decir que, en materia de seguridad ciudadana, las nuevas designaciones de mandos, no han sido vistas con desagrado por el colectivo de los ertzainas. Y, por otro lado, milagrosamente, lo que no había sido posible hasta la fecha en materia de colaboración policial, en cuestión de políticas activas de empleo, en I+D+I, etc., de repente, con el acceso al poder del Partido Socialista, se desbloquea y se hace realidad.

Ni el Partido Socialista ni el Popular van a desaprovechar la oportunidad que les brinda el haber alcanzado el Gobierno para tratar de debilitar al nacionalismo vasco, que se va a ver también atacado por la izquierda antisistema, que lleva años tratando de convertirse en el único referente del abertzalismo vasco. Si algo demuestra la alianza contranatura de aquellas opciones políticas es que, en su alianza estratégica, prima la cuestión nacional sobre las diferencias ideológicas. Y si algo acredita la supervivencia de ETA, es también que en la izquierda antisistema, tiene prioridad el componente revolucionario sobre el nacional.

Desprovisto de su principal proyección institucional: el Gobierno, el nacionalismo vasco cometería una gran equivocación utilizando  las Diputaciones como arietes frente a la acción del nuevo ejecutivo vasco,  puesto que su incidencia  es más provincial que nacional y está condicionada igualmente, por la desigual distribución del voto en cada uno de los Territorios históricos. Los referentes de oposición deben ser nacionales, no provinciales, tanto en cuanto a contenidos como a los sujetos que los proyecten.

Tiempos de crisis pero también de oportunidades. Veremos

Kepa Bilbao

Deustu 2009-VI-23