Artxibo rtf
(48 - 2009ko Ekaina)

La autovía del Leizarán y el problema del TAV

La autovía del Leizarán y el problema del TAV, han sido diversamente emparejados en la historia de los conflictos sociales del País Vasco. Para ETA la lucha contra la autovía de Leizarán es el espejo en el que se tiene que mirar la actual lucha contra el TAV. El primero de los casos supuso para ETA y para el conjunto del MLNV una gran victoria en un momento crucial. Por eso proclamaba ETA en un comunicado del año pasado:

“si no hubiéramos intervenido en el conflicto de la Autovía las instituciones habrían impuesto, con la fuerza de las armas, su proyecto opresor. Lemoiz, Itoitz, el superpuerto, aeropuerto, incineradora y demás”.

El cometido de las siguientes páginas es simplemente tratan de trazar el paralelismo de las dos ocasiones, la de la autovía de Leizarán, que abarca el periodo 1986-1992, y la del TAV, que es parte de nuestra actualidad. ¿En qué sentido existe una analogía entre las dos cosas? ¿Cuáles son las líneas de continuidad? ¿Cuál es el discurso de los jefes del autodenominado “movimiento popular”?

En un artículo anterior, hacía mención de un trabajo del colectivo Askapena (“El Tren de Alta Velocidad, otra experiencia de lucha de clases” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=61358), perteneciente al MLNV, con cuyo análisis caracterizaba los rasgos más importantes del colectivo AHT Gelditu según la perspectiva de dicho colectivo.

Basándonos en este texto, estableceremos una serie de características generales para la denominada “lucha popular” en contra del TAV. Y luego trataremos de aplicarla a la cuestión de la lucha contra la autovía del Leizarán. En este punto recuerdo lo que dije en mi anterior trabajo:

Por un lado, el colectivo considera la lucha contra el TAV como el paradigma de un enfrentamiento con alternativas radicales: “capitalismo salvaje o socialismo racionalizado. Neoliberalismo depredador o progreso racionalizado y solidario. Despotismo ilustrado o democracia participativa”.

Estas categorías abstractas de pensamiento encuentran su forma práctica cuando el colectivo Askapena plantea la siguiente oposición: “Las instituciones, supuestamente representativas de la voluntad popular, frente a la voluntad popular que ha estado desbordando los cauces institucionales”.

Esta es la perspectiva general en la que el MLNV enmarca la lucha particular contra el TAV. La oposición general entre capitalismo salvaje/socialismo y la particular entre instituciones representativas/movimientos populares son expresión del esquema ideológico clásico del MLNV.

Por otro lado, Askapena establece una serie de armas básicas que son los instrumentos mediante los cuales el “movimiento popular” enfrentado a las “instituciones representativas” puede conseguir la victoria en la lucha. Estas armas son:

1)    Organización: “un movimiento popular caracterizado por su diversidad de ideas y procedencias de distintos sectores que rechazan el proyecto del TAV”.

2)    Formación e información.

3)    Aportación de alternativas.

4)    La movilización.

5)    Las consultas populares.

6)    Los sabotajes.

A estas armas podíamos añadir otra, que es la “lucha armada” que ya ha hecho aparición en el conflicto del TAV con el asesinato del empresario azpeitiarra Inaxio Uria.

El objetivo de este trabajo es narrar de forma sucinta lo que pasó durante el conflicto de la autovía, para que podamos contrastarlo con el esquema de contradicciones y de instrumentos de lucha planteado por Askapena.

De una forma retrospectivamente profética, los responsables de la coordinadora Lurraldea, el equivalente de entonces de AHT Gelditu, planteó (DV, 24-3-1993) que había que “seguir el ejemplo de la autovía en el tren de alta velocidad”. Los miembros de la coordinadora veían trasladable la exitosa experiencia de la autovía a otra labor de infraestructura posible, como era la construcción del TAV.

El MLNV, gracias a la perspectiva múltiple de su lucha, supo conseguir una victoria que marcó una pauta para el futuro. El caso del conflicto en torno a la autovía del Leizaran, en el contexto de los comienzos de la década de los 90, como señala el historiador y ex portavoz de JARRAI, Iker Casanova, “supondría un respiro psicológico para la izquierda abertzale[1].

“Para HB, cuya dirección brindará públicamente con champán en una imagen que abrirá las carnes de la prensa madrileña, el acuerdo es un balón de oxígeno porque rompe la estrategia de aislamiento y guerra total y muestra la viabilidad de las soluciones negociadas”.

Iker Casanova señala también el contenido general, más allá de lo coyuntural, que supondría la resolución del conflicto de la Autovía en los términos en los que se produjo:

“En un momento clave, en pleno año 1992 y tras la caída de Bidart, la escenificación de un acuerdo que desactiva un conflicto de tal calado se interpreta como un ensayo general de lo que podría ser la resolución global del contencioso vasco”

A nosotros nos toca analizar la pauta que tan venturosamente sirve para que Casanova (haciéndose eco de la opinión oficial de los dirigentes del MLNV respecto a ese tema) afirme de se trata de “un ensayo general” de “la resolución global del conflicto vasco”. También nos encontramos ante lo que Letamendia recoge como “una nueva manera de ejercer la oposición social. La combinación y complementariedad de distintos frentes de trabajo: la prensa, la imagen, la personación en los procesos y trámites institucionales, la movilización social, la divulgación pueblo a pueblo de los argumentos de oposición…[2]”.

Dentro de lo que es su narración de la estrategia y las actuaciones de ETA, el historiador Florencio Domínguez, distingue una de sus líneas de actuación que es denominada, por parte del político Kepa Aulestia, como “apoyo de masas” y que Pedro Ibarra tipifica como “acciones subsidiarias o complementarias de específicos conflictos sociales[3]”. Si bien esta línea de actuación se había contemplado en la intervención de ETA en algunos conflictos laborales en los 70 (en los 80 serán los Comandos Autónomos Anticapitalistas y ETApm los que seguirán en este terreno), ella misma se diversificaría, tomando el terreno ecológico, con el precedente de la lucha contra la Central Nuclear de Lemoniz o la lucha contra la droga[4].

Para poder calibrar el nuevo paradigma táctico-estratégico derivado de este conflicto que mejor que acudir a las palabras de uno de sus protagonistas principales, el que fuera ex concejal de HB de Tolosa, Jonan Fernández y cabeza visible del “movimiento popular” que, con la Coordinadora Lurraldea, encabezó la oposición al trayecto oficial de la autovía que iba a unir Guipúzcoa y Navarra. Para eso utilizaremos su crónica de los hechos, el libro La Autovía en el Espejo[5].

El político del PNV de la Diputación de Guipúzcoa, Martín Elizasu, anunció el 19 de noviembre de 1985, el proyecto de la Autovía de Leizaran. Menos de un año más tarde, el 25 de abril de 1986, se constituyó la Coordinadora Antiautovía. Y en Julio del mismo año se puso en marcha la primera movilización en contra del proyecto. Hasta la firma del acuerdo entre la Coordinadora (que pasaría a llamarse Lurraldea) y la Diputación de Guipúzcoa en 1992 pasaran largos años, entreverados por otras cuestiones políticas, pero que, merced a la intervención de ETA en este asunto, iban a vivirse con una intensidad creciente alrededor de ese tema.

Es de destacar, primero, el mantenimiento de un fuego táctico, como era la lucha de la Coordinadora contra las Instituciones, que en el largo recorrido del tiempo histórico encontró, al final, un acomodo de lo más efectivo dentro de la estrategia general del MLNV. Nos encontramos ante la aplicación micropolítica del sentido del “tiempo” de la Guerra Popular, en la confianza en que la voluntad subjetiva revolucionaria de mantener un problema a la vista de toda la sociedad podía, al fin, resolverse de manera favorable para el MLNV. Esta perspectiva de persistencia y de ofensiva, es la que expresaba Jonan Fernández en su libro con una metáfora:

“(…) a mi me ha gustado explicar de una manera plástica, sobre un campo de fútbol, como ha sido el desarrollo de esta lucha. Cuando empezamos en abril del 86, éramos unos pocos los que encontrábamos pegas al proyecto de autovía Irurzun-Andoain; en aquel entonces nos encontrábamos replegados en el área pequeña de nuestro campo, completamente a la defensiva y sin posibilidad casi de establecer ni de diseñar ofensiva alguna; sin embargo, un trabajo constante y de hormiguitas nos ha ido llevando a extendernos a recuperar poco a poco terreno, a salir de nuestro propio campo, a penetrar en el campo contrario y a establecer un férreo “pressing” que ha hecho que en los últimos tiempos las dos Administraciones se encuentren absolutamente replegadas bajo sus palos tratando de que no les metan goles y echando balones fuera[6].

¿Cómo fue posible que dos Administraciones, el Gobierno Vasco y el Gobierno de Navarra, se vieran finalmente contra las cuerdas por la acción de un mero “movimiento popular”? Y hay que tener también en cuenta que, en ese momento, a fines de los 80, vivíamos el momento de la estabilización de las instituciones democráticas surgidas durante la transición. Y que el proyecto de autovía lo querían llevar a la práctica partidos nacionalistas (EA y PNV) que eran los mayoritarios en su territorio.

El primer punto que hay que destacar, en este sentido, es el de la organización. La Coordinadora Lurraldea consiguió concitar el apoyo plural de una serie variopinta de fuerzas, que ya giraban en su mayoría en torno al MLNV o a HB, y, por tanto, contaba con las simpatías ideológicas de todos los enemigos del sistema de democracia representativa que había en Euskadi:

“En la Coordinadora estamos orgullosos de ser un organismo unitario y plural. En cuanto a la procedencia ideológica o política de sus miembros, tenemos desde los que se identifican con el anarquismo o la autonomía obrera, por ejemplo, a los que se reclaman del entorno de Herri Batasuna y la izquierda abertzale, o los que se encuadran en la izquierda radical como EMK o LKI o Batzarre, los que provienen de EE o el grupo casi más importante, que es el de las personas independientes[7]”.

La pluralidad mencionada era, evidentemente, casi virtual, pues las familias políticas citadas tenían un parentesco histórico con el MLNV y colaboraban con el en diferentes frentes. Es asimismo remarcable la característica que se quería para el “organismo popular” (“un organismo unitario y plural”). La pluralidad era una imagen de marca que se pretendía publicitar con la intención de subrayar el carácter “popular” del movimiento, frente a la mera representación institucional. Y era además un organismo “unitario”, con lo que tenía de control de una cúpula casi autoelegida frente a una base constituida por las personas que gradualmente a lo largo del conflicto podían agregarse a la batalla.

También afirmaba Jonan Fernández:

“En Euskadi y dentro de Euskadi, especialmente en Navarra a cualquier brote de denuncia, de reivindicación o de protesta, tan pronto como surge le es adscrito (…) una procedencia política determinada (…) ahora cualquier ademán de desacuerdo con lo oficial procede de la “estrategia política de HB”. Es terrible, porque se produce un proceso de reduccionismo muy cómodo para las Instituciones, pero nefasto para la sociedad[8]”.

El jefe de la Coordinadora trataba de quitarse de encima la adscripción a la estrategia del MLNV incluso siendo consciente de que ETA había ya intervenido en el conflicto. Pero el frente de lucha informativo, en términos de desinformación o despiste del enemigo, aquí encontraba una de sus piedras de toque. El MLNV había tratado, y conseguido en Euskadi, acoger y representar lo que Jonan Fernández denominaba “cualquier ademán de desacuerdo con lo oficial”. Y, a la vez, tenía que desvincularse formalmente de esa fuerza espontánea, que representaba el concepto de “democracia participada” anticipado por Txema Montero, pues era necesaria la venta de la perspectiva ecológica de esa lucha.

Por que Jonan Fernández, a la hora de realizar una descripción de las características de la lucha y de la organización que lideraba, no duda en calificar a la Coordinadora Antiautovía como un “movimiento popular”, es decir, como expresión más directa de la voluntad popular que los propios mecanismos de la democracia representativa. En este sentido, establece que el conflicto de la Autovía es producto de  “el desacuerdo de estos casi cuatro años entre Administración y Movimiento Popular[9].

Y plantea que el gran problema es el que afecta al propio sistema democrático tal como está implantando en Euskadi y, por extensión, en Europa Occidental. Fernández responsabiliza a la actitud de la Administración y los Partidos Políticos, de “la inexistencia de una verdadera cultura democrática y la falta de convicción real en la democracia. Se utiliza la democracia en cuanto a que formalmente resulta muy provechosa y cómoda para gestionar, sin ser molestado, los grandes intereses económicos[10].

Jonan Fernández adapta de forma sencilla la crítica habitual de la izquierda revolucionaria al sistema de democracia representativa al lenguaje del conflicto entre la administración y un “movimiento popular”. Y establece así la división entre “democracia formal” (“se utiliza la democracia en cuanto a que formalmente resulta muy provechosa”) y la “democracia participada” del “movimiento popular”:

“Los políticos, que no deben olvidar nunca que, cuando menos en teoría, están al servicio del pueblo, deben abordar y presentar sus proyectos y pretensiones con esa mentalidad abierta, dinámica y de supeditación a quien tiene la última palabra: los ciudadanos y ciudadanas; en la práctica opuesta subyace un estado de funcionamiento y contenido ideológico totalitario enfundado en apariencias y formalismos democráticos[11]”.

Estas afirmaciones, fuera del contexto de una campaña de movilización y de luchas, que iba a derivar en la combinación de otras formas de lucha violentas, podían parecer de lo más banales, si Fernández no estableciese así el antagonismo (que no duda en calificar “origen del conflicto”) entre los políticos que no se supeditan “a quien tiene la última palabra: los ciudadanos y ciudadanas” y aquellos que representan esa “última palabra” en su directa pureza, como de hecho era (en el esquema de Fernández) el “movimiento popular” presidido por el mismo.

Es más, Fernández afirma sin ningún rubor que si bien las cúpulas de los partidos políticos no están por la labor de aceptar sus propuestas, las bases de los mismos si lo hacen: “no nos apoya su ejecutiva; pero que si lo hace su base. Esto no sólo ocurre con EE, lo mismo sucede con EA o con el PNV[12]. Fernández no hacía más que aplicar el modo de Herri Batasuna de arrogarse la representación popular, en el sentido en el que los partidos democráticos (desde el PSOE hasta el PNV) no representaban la idea, nacional o social, de sus bases sociales y electorales, y por tanto ese déficit de representatividad sólo podía compensarse mediante los organismos nacidos del MLNV o mediante su propia alternativa táctica o programa mínimo.

De esta cosmovisión, en la cual la rebelión y el alzamiento frente a lo estatuido es un valor positivo, hace Fernández abundante uso en sus reflexiones: “¿Para el progreso social es mejor, más adecuada, más rentable una actitud resignada y conformista o una actitud inquieta, inconforme o no acomodada?[13]. Esta perspectiva se va abriendo hasta comenzar a apuntar a una cosmovisión ideológica perfectamente reconocible:

“(…) a lo largo de la historia creo que ha quedado comprobado que han aportado mucho más al progreso de la humanidad, en términos de humanismo puro, de progreso humano y social, aquellos que han centrado sus esfuerzos en señalar y denunciar los atropellos y las equivocaciones de los diferentes sistemas imperantes, que quienes han dedicado sus vidas a apuntalar y decorar el poder y el capital[14]”.

Y sigue remarcando:

“No cabe duda de que, en demasiadas ocasiones, las ideas de transformación de la sociedad se mantienen en tanto no incomodan la forma de vida de uno mismo; cuando llega ese momento, la mayor parte de las veces, el sujeto inicia un proceso de adecuación de sus ideas e ideología a su forma de vida que termina con la adaptación e integración plena en el engranaje político, ideológico y cultural del sistema[15]”.

Fernández se muestra aquí como un apologeta del inconformismo, de rebeldía contra “el poder y el capital”, de que es la “incomodidad” respecto a una forma de vida integrada en la sociedad la que marca un movimiento verdaderamente transformador:

“Se hace obligatorio comprometerse con la transformación de los valores de esta sociedad que internacionaliza y universaliza la desigualdad, no sólo entre personas o clases sociales, sino entre pueblos enteros”.

Al hilo de este tipo de discurso no es extraño que afirmase: “Esta democracia burguesa es una auténtica ratonera[16]”. En este punto no teme la utilización, o el desvelamiento, del viejo lenguaje conceptual revolucionario. E incluso plantea la intemporalidad de las ideas o ideales del socialismo revolucionario, pese a la crisis de los países del Este:

“No estoy haciendo una defensa de la realidad del bloque socialista, quiero solamente decir que la experiencia conocida del socialismo no agota el potencial transformador y revolucionario de su práctica[17]”.

Y que Euskadi constituye, en ese sentido, según Fernández, un ejemplo para el mundo:

“Soy, además, de los que piensan que el proceso que estamos viviendo en Euskadi, en un futuro no muy lejano, va a jugar un papel clave y va a tener mucho que decir en el terreno de la readecuación teórica y práctica del socialismo a los nuevos tiempos”.

En este doble sentido, de remarcar 1) “el potencial transformador y revolucionario” de la práctica socialista no está agotado, y 2) de que Euskadi tendría “mucho que decir” en la “readecuación teórica y práctica del socialismo a los nuevos tiempos”, Jonan Fernández observa como,

“Es realmente curioso comprobar cómo, a través de la discusión surgida en torno a un proyecto de autovía, podía llegar a cuestionarse la esencia misma del sistema capitalista o las posibilidades del socialismo. Sólo por eso, ya había merecido la pena todo el esfuerzo realizado en la oposición a ese proyecto viario[18]”.

Pese a ciertos rastros de inocencia que no puede ser sino fingida, en el contexto de un discurso político admirablemente trabado, Fernández llega a afirmar que “el esfuerzo realizado” “ya había merecido la pena” una vez cumplido el objetivo de cuestionar “la esencia misma del sistema capitalista” y de mostrar “las posibilidades del socialismo”.

La lucha de la Coordinadora Lurraldea en contra de la Administración es mostrada así por su promotor principal como ejemplo de “las posibilidades del socialismo” en la línea de su “readecuación a los nuevos tiempos” y de mostrar la experiencia revolucionaria vasca como modelo para otros países. En este sentido, Jonan Fernández no duda en atribuir la construcción de la autovía como parte de un designio militar de un bloque determinado:

¿No te parece lógico pensar que el poder militar tenga la primera y la última palabra en le diseño de los planes de carreteras en el ámbito de los  países que entran en la órbita de la OTAN[19]?

Es una pregunta retórica que se contesta a sí misma. Tengamos en cuenta también que el libro de Jonan Fernández está elaborada de forma de un diálogo entre el mismo y su compañero de cúpula Bittor Aierdi con un ingeniero dimitido de la Autovía cuyo nombre (no sabemos si auténtico o figurado) es José Torres. Es a este a quien va dirigida la pregunta[20].

¿Cómo fue posible plasmar este modelo de “las posibilidades del socialismo”? Fernández planteaba:

“(…) queremos poner en marcha una locomotora que nos lleve hasta el apeadero de la victoria en este contencioso (…) Los raíles obre los que íbamos a hacer circular esa locomotora iban a ser, por supuesto, dos: el primero la movilización, la movilización constante, movilización masiva, o minoritaria, movilización nacional o local, clásica o innovadora, pero movilización ininterrumpida, al fin y al cabo; el segundo, la redacción de la solución alternativa, su propaganda, su financiación, etc. Una buena combinación de estos dos elementos, movilización y alternativa (…) nos han de conducir sin duda al destino perseguido”.

El esquema que representaba Jonan Fernández respecto al conflicto de la autovía era traslación directa del esquema de Herri Batasuna en el terreno de la acción de masas e institucional. La Coordinadora Lurraldea, era, en ese sentido, el perfecto lugar de acogida para las gentes que seguían enarbolando el antagonismo con el sistema de democracia representativa y además podía pescar de las nutridas filas de los ecologistas.

Lurraldea pudo apoyarse en el aparato de propaganda, eficaz y bien enfilado, del MLNV y, además, en el colmo de una exhibición de capacidad, pudo presentar una Alternativa, un proyecto propio de cara a la construcción de la Autovía. Proyecto que se oponía así al proyecto oficial promovido por las administraciones de la CAV y de la Comunidad Navarra.

El MLNV puso toda la carne en el asador en este tema y sus gentes nutrieron de forma abundante las movilizaciones contrarias al trazado oficial. Pero la reacción política contraria, con Imanol Murua de EA presidiendo la Diputación de Guipúzcoa a la cabeza, y la movilización de las fuerzas del Pacto de Ajuria Enea a favor del trayecto oficial (así como el descuelgue de un sector importante de gente de Herri Batasuna de los pueblos de a lo largo del trazado del planteamiento del MLNV), supuso un reto político muy importante. Esta era la máxima diferencia respecto a la época de las movilizaciones en contra de la Central Nuclear de Lemoniz. Y contaba en contra de los intereses del MLNV.

Como afirma Iker Casanova, en este contexto de pulso entre administración y “movimiento popular”, “la intervención de ETA dará un vuelco a la situación”:

“La intención de ETA no es entrar de lleno en el conflicto sino posibilitar que sean atendidas las reivindicaciones del movimiento ecologista. Su intervención se ha producido cuando la movilización social ha fracasado para frenar los planes de la administración. Pero el Estado y el Pacto de Ajuria Enea verán en esa situación un reto y la posibilidad de mostrar una política de firmeza contra ETA[21]”.

Y es que es el elemento ETA el que configura, junto con la movilización y la propaganda-socialización, la tercera pata del organigrama de un movimiento popular bajo las características que ha ido Jonan Fernández desgranando, que no es más que la traslación al terreno de lo particular del esquema general, trimembre, del MLNV, con sus “tres armas mágicas” de dirección, organización de masas, y lucha armada. Su intervención, además, cambia el signo de la propia lucha sectorial, que se convierte en el choque entre las dos visiones antagónicas que habían recorrido la historia de la transición en Euskadi. Desde un punto de vista, en función de, como decía Jonan Fernández, una simple lucha sectorial, las contradicciones del propio sistema saltaban a la luz y se ponía en cuestión su propio funcionamiento.

En efecto, ETA emitió, un comunicado donde la organización armada se esmeraba en remarcar el contraste entre los pasos dados por el “movimiento popular” y la actitud de los políticos:

“Los que hablan tan alto como de forma demagógica acerca de la voluntad popular han hecho oídos sordos ante la moratoria que de modo ejemplar ha propuesto e incluso rogado el movimiento popular (…) ¿Puede haber una forma de actuación más de sentido común que esta (la del movimiento popular)? ¿O tiene que ser la única salida de nuestro pueblo el doblegarse ante los oscuros intereses de los políticos y las empresas constructoras? (…) ¿Es que no se quieren recordar las lecciones de la sangre, el sufrimiento y doloroso enfrentamiento derivadas de la Central Nuclear de Lemoniz[22]?”.

ETA concluía afirmando que “se hace uno de forma total con la propuesta mostrada por el movimiento popular”. Más allá de los lamentos de la organización armada acerca de las limitaciones del sistema de democracia representativa, quedaba claro que su intervención traía el fantasma de una famosa derrota del mismo sistema años antes, frente a la cuestión de la central de Lemoniz, donde ETA se cuido mucho de sembrar la lucha de “sangre, sufrimiento y doloroso enfrentamiento”. Ese era el aviso que lanzaba ETA a la sociedad y que no daba pié a ninguna confusión[23].

El hipotético ingeniero entrevistador planteaba que el simple enarbolamiento de una alternativa o propuesta no podía ser motivo de la paralización de las obras de la Autovía:

“José Torres: No tenéis capacidad para parar las obras, por excelente que sea el diseño de vuestro plan de actuación.

Jonan: Nosotros éramos y somos conscientes de ello; sin embargo, nuestra estrategia prevé que la presentación de nuestro proyecto alternativo, que será un hecho que determinará el futuro de este contencioso, se va a producir en un momento en el que todavía en Gipuzkoa las obras van a estar sin iniciarse y en el que en Nafarroa, estarán muy poco desarrolladas (…) también confiamos en nuestra propia capacidad de llevar adelante iniciativas de protesta en la zona de obras que obstaculicen, entorpezcan y retrasen su desarrollo. En resumidas cuentas, nuestra estrategia contempla la presentación de nuestro proyecto alternativo en un momento en el que la ejecución del proyecto no pueda considerarse irreversible todavía[24]”.

Ya hablaremos más delante de algunas de las iniciativas “en la zona de obra que obstaculicen, entorpezcan o retrasen su desarrollo” pues es algo que pertenece a un nuevo camino táctico que el MLNV empezaría a trazar justamente durante el desarrollo de este conflicto.

Por otro lado ¿Cómo era posible que Jonan Fernández pudiera hablar desde tamaña confianza en que la simple enunciación de un “proyecto alternativo” iba a “determinar el futuro del contencioso”? Era evidente que para entonces estaba claro que el “proyecto alternativo” sería determinante gracias al concurso de la organización armada ETA, algo que Jonan Fernández no tiene ningún rebozo en reconocer:

“(…) en julio pasado (1989) se produce un hito importante cuando proponemos al Gobierno de Navarra que acepte una moratoria en el inicio de las obras mientras nosotros nos comprometemos a presentar un proyecto alternativo. De esto ya hablaremos más adelante. El otro acontecimiento que determina más recientemente ya, el desarrollo de este conflicto, y que tu ya conoces, es el comunicado de ETA del pasado domingo[25]”.

Ambos acontecimientos están unidos porque 1) ETA se convierte en defensora armada de la “alternativa Lurraldea”; y 2) la Coordinadora Lurraldea no iba a hacer el menor esfuerzo por desmarcarse o por condenar la acción de la organización armada, que tan gentilmente se había prestado a ser paladín de su “proyecto alternativo”:

“(…) la Coordinadora ha decidido no dejarse engatusar por nadie. La estrategia del que se denomina a sí mismo “bloque democrático”, quiere por todos los medios que la Coordinadora condene a ETA. Es un deseo que tiene su origen en sus propios y particulares intereses políticos[26]”.

El “movimiento popular” descalifica de un plumazo a la representación de la inmensa mayoría de los partidos políticos (el que el mismo llama “bloque democrático”) y se desmarca de la política democrática, entendida dentro de los límites de la democracia representativa, planteando una vía propia y alternativa, en la que ETA se erige en valedor armado con toda naturalidad. Es que además la intervención de ETA representa, para Jonan Fernández la existencia de un déficit democrático estructural:

“(…) José Torres: Estoy convencido de que la Coordinadora, sin la intervención de ETA, no habría podido ni plantearse la posibilidad de ganar, y se me hace muy difícil imaginar que vosotros no seáis conscientes de ello, y que no os estéis aprovechando de la situación.

¿Te estás dando cuenta, José, de que estás haciendo una afirmación implícita gravísima, que asientas tus sospechas sobre nosotros en la aceptación de una realidad previa absolutamente dramática? No estás haciendo sino asegurar que a la Administración es imposible vencerla por la vía del diálogo (…) Estás diciendo que el poder es el único lenguaje que entiende, y ante el único que reacciona, es el de la violencia y, de hecho, los últimos acontecimientos que rodean el conflicto de la autovía así parece sugerirlo. ¿Cuáles son las posibilidades de un movimiento ciudadano desarmado, José?[27]”.

Fernández nos da a entender que la intervención de ETA no es mala: lo malo son las circunstancias que han llevado a que ETA tenga que intervenir. Esta es una de las formas usuales de justificación de la acción de ETA para otras cuestiones. Jonan ensaya una aplicación de la misma en el contexto particular de esta lucha.

Jonan Fernández, además, reproduce en un idioma de cierta coloquialidad la vieja verdad marxista de que sin la fuerza no hay posibilidad alguna de un cambio o una transformación profunda de la realidad. Que es lo que en el fondo le interesa. Pues es ciertamente una transformación profunda determinar la decisión de una inmensa mayoría política e institucional mediante la combinación de un movimiento popular y una organización armada.

Jonan Fernández era plenamente consciente de que estaba planteando una vía alternativa al sistema democrático vigente. En medio de una campaña de movilizaciones alternativas, cuando el Pacto de Ajuria Enea movilizaba a su gente el 16 de febrero de 1991 y, a la semana siguiente, el 26 de febrero, Lurraldea, poniendo en juego toda la capacidad de arrastre de masas del MLNV, hizo una manifestación en la que Jonan Fernández afirmó que “hoy frente a la democracia de los burócratas ha vencido la democracia popular[28]”. Tal victoria contra la “burocracia” hubiera sido imposible sin el advenimiento de ETA, como el propio Jonan reconocía: “Si ETA no hubiera intervenido ya se habría construido la autovía[29].

Y es que Jonan no dejaba de remarcar el carácter disuasorio, la sombra amenazante, que hacía cernir sobre la situación, para su evidente ventaja:

“Creo (…) que ETA (…) ha entrado en serio en este tema (…). En este sentido, la palabra de ETA tiene una gran credibilidad, y no creo que nadie esté en disposición de afirmar que la decisión de esta organización de intervenir en el conflicto y las comunicaciones Nafarroa-Gipuzkoa constituye una falsa alarma[30]”.

Jonan Fernández prosigue en su responsabilización de las administraciones:

“¿Sabes por qué, durante todo este tiempo, los responsables de las dos administraciones no nos han hecho ni caso? Sencillamente, por un análisis militarista del conflicto. ¿Cuál ha sido ese análisis? Las dos administraciones han estado convencidas en todo momento de que, por muy razonada y masiva que fuese la oposición al proyecto de la autovía Irurzun-Andoain, ésta de ninguna forma podía poner en peligro su ejecución. Antes o después, esa oposición habría de encontrárselas con los mecanismos de defensa del sistema, léase Guardia Civil y Ertzantza; y, en ese encuentro, y después de un más o menos breve periodo de enfrentamiento, era fácil adivinar quién iba a ser el derrotado. Las Instituciones, en todo momento, han estado convencidas de su superioridad militar sobre la Coordinadora[31]”.

Tal superioridad militar es algo que va de la mano de la posesión de los atributos de la representación política y la administración pública. Jonan Fernández invirtió los términos del análisis y dejó bien claro que la supuesta “superioridad militar” de las administraciones respecto a la Coordinadora, fue puesta radicalmente en cuestión mediante la intervención de ETA. Jonan pretendió naturalizar la aparición de ETA, como consecuencia directa de la existencia de unos aparatos armados que querían precisamente impedir los objetivos del autodenominado “movimiento popular”.

Según Florencio Domínguez:

“(ETA) un mes más tarde, en una nueva declaración, recurría a un resorte que tan excelentes resultados le había procurado contra Lemóniz: la amenaza al personal. Al igual que en Lemóniz, las advertencias fueron dirigidas contra “ingenieros, técnicos superiores, responsables y directivos” de las empresas constructoras para forzarles a abandonar el proyecto. Los que continuaran las obras pasaban a ser “objetivo militar[32]”.

ETA hizo su primera acción en septiembre de 1989, “un atentado con explosivos contra un almacén de una empresa y el envío de cartas bomba al presidente y al consejero de Obras Públicas del Gobierno de Navarra[33]”.

En 1991 la dirección de ETA, “daba instrucciones a sus activistas para que hicieran “la guerra sin cuartel” contra las empresas de la autovía “porque se ve claro que quieren ganar tiempo”, “Hay que atacar a todos los responsables de la empresa Ramos Hidalgo y Deusch, accionistas, consejeros, sedes, empresas, cualquier empresa que tenga vinculación con ella” se ordenaba[34]”.

No es sólo que ETA estuviese libre de las inhibiciones y restricciones que suele tener la fuerza pública en un estado de democracia representativa a la hora de actuar, es que esta lucha sectorial creó sus propios aparatos de violencia. Y aquí entramos en un problema general, ya citado anteriormente en las propias palabras de ETA, como era el del reclutamiento de nuevos militantes para ETA y la implicación mayor por parte del MLNV en la carga que suponía el ejercicio de la violencia.

Dentro de la cúpula de ETA de los 80, en este sentido, tiene importancia el papel ideológico político, y su traslación a lo militar de una organización armada, de José Luis Alvárez Santacristina, alias Txelis. Se trata de un donostiarra, nacido en 1954 el barrio de Loyola y afincado en el de Egia, antiguo militante de LAIA, frente obrero de ETA, traductor al euskara de Wittgenstein y organizador de la retaguardia de ETA y algunos de sus contactos internacionales. Gracias a sus auspicios, El MLNV actuará en el caso de la Autovía de Leizarán, por primera vez, con un “modelo de acción violenta” que sigue una “doble estructura”:

“(…) por un lado, la de la propia ETA, con su capacidad mortal para intimidar y coaccionar y por otro una nueva red de activistas, organizados en los denominados “grupos Y”, formada por militantes radicales. Estos grupos realizaban atentados mediante incendios, lanzamiento de “cócteles molotov”, artefactos caseros y otros procedimientos rudimentarios pero efectivos[35]”.

La consecuencia de esto fue, según Florencio Domínguez, la siguiente:

“El periodo de atentados terroristas en relación con la autovía se circunscribe por tanto al comprendido entre septiembre de 1989 y abril de 1992. Mientras en la campaña contra Lemóniz, ETA se volcó para cometer docenas de atentados, contra la autovía se perpetró un número relativamente escaso de atentados, dieciocho, que dejaron un saldo de tres personas muertas y nueve heridas. Sin embargo, los “grupos Y” llevaron el peso de la campaña de hostigamiento a las empresas constructoras y a las entidades bancarias relacionadas con la obra. Durante los treinta meses que duró la campaña, estas células cometieron casi doscientos atentados que provocaron daños económicos evaluados en más de mil millones de pesetas[36]”.

Esta “doble estructura”, que iría afinando su organización y que se puso en práctica fundamentalmente a partir de principios de los 90, coincidiendo con la Ponencia Oldartzen y el periodo que se dio a llamar “la socialización del sufrimiento”, constituyó una importantísima innovación. De esta manera, Txelis podía exclamar en 1991, cuando todavía no había pasado la crisis del MLNV y otros episodios de ella estaban por venir, que “es preciso constatar que en la intensidad, diversificación y nivel de efectividad se encuentra (ETA) en las cotas más elevadas en los últimos 12 años[37]”.Esta afirmación no tendría credibilidad sin la conciencia de la adaptación de los aparatos armados del MLNV a las nuevas circunstancias y su puesta a prueba en el fuego de la lucha contra la Autovía de Leizarán.

Otro aspecto de este conflicto fue el de la crisis del Pacto de Ajuria Enea. Las maniobras políticas del PNV con HB, en su tanda de conversaciones ya descrita, que comenzó en 1991, derivó en el cambio de postura de los firmantes del Pacto, exceptuando Eusko Alkartasuna, que se convirtió en víctima política por su defensa del trazado oficial. El PNV consiguió convencer al PSOE y al PP (y también a UPN) de la idoneidad de un acuerdo con la Coordinadora Lurraldea en este tema.

El PNV de Xabier Arzalluz pudo pergeñar una maniobra política a varias bandas, en las que sus conversaciones con HB iban acompañadas de otras conversaciones con el PSOE y con el PP (y también con UPN), donde consiguió dos cosas: 1) apalabrar un acuerdo con la Coordinadora con el apoyo del PSOE y del PP (este último partido se desmarcó de boquilla pero, en Navarra, en forma de UPN, dio por bueno el acuerdo firmado); 2) montar una operación política para desalojar a Eusko Alkartasuna de las instituciones más importantes que gobernaba, como eran la Diputación de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de San Sebastián, donde ese partido constituía la lista más votada.

Ni que decir tiene que el MLNV también jugaba a varias bandas y ya que, según Carlos Garaikoetxea, el año 1991:

“Por aquel entonces, dirigentes de HB, en reuniones mantenidas con nuestro secretario general y otros compañeros de EA, nos habían propuesto abiertamente su apoyo tras las próximas elecciones para que EA siguiera manteniendo la presidencia de la Diputación, si cedíamos ante la exigencia del cambio de trazado de la autopista, según pretendía ETA[38]”.

Y prosigue:

“(…) las conversaciones paralelas que HB mantenía con el PNV propiciaron el acceso de este partido al gobierno de la Diputación Foral. Para ello el PNV, con una irresponsabilidad digna de mejor causa, aceptó la improvisación de un trazado alternativo, al que el PSOE, socio en la fechoría, dijo que proponía algunas variaciones para salvar su imagen. Así se consumaban, no sólo la mayor felonía perpetrada por los animadores de la Mesa de Ajuria Enea (Ardanza seguramente se enteró de las cosas una vez consumadas por su partido) sino también una colosal e irreversible chapuza a costa de los bolsillos de los guipuzcoanos (…). A cambio, PNV y PSE-PSOE se hicieron con la Diputación de Gipuzkoa, desalojando de ella a EA como ya lo habían hecho en tantos ayuntamientos[39]

Gracias a esa gestión de las contradicciones, de incidir en las divisiones del enemigo, el MLNV consiguió una victoria más estratégica que táctica, ya que el Pacto de Ajuria Enea, el gran azote del MLNV (la representación visual y concreta de la sociedad y los partidos políticos vascos) quedó herido de muerte. Los propios adalides estatalistas de la lucha antiterrorista y el PNV se habían aliado en una operación de oportunismo, donde EA era la víctima propiciatoria. El 13 de marzo, Ramón Jáuregui, secretario general de los socialistas vascos “afirmó que si ETA ofrecía una tregua firme y con garantías, el PSE-PSOE podría flexibilizar sus posturas en cuanto a la modificación del trazado de la autovía[40]”.

Es un aserto de la dialéctica marxista decir que la estrategia significa que uno (revolucionario) lucha contra diez (reaccionarios). Y que la táctica significa que diez (el revolucionario con sus aliados) luchan contra uno (reaccionario). En esta coyuntura táctica el MLNV consiguió dar con el momento de, mediante una lucha sectorial, dar la vuelta a la correlación de fuerzas, ya que HB, ETA, la Coordinadora Lurraldea, convenían con los partidos estatalistas y con el PNV en una solución, que sólo dejaba a EA fuera.

Y en términos estrictos así se destruía la barrera aislante del Pacto de Ajuria Enea, y el pacto mismo, al propiciar una solución local de un problema, validando la intervención armada de ETA y proponiendo la marca de un método de resolución para la generalidad del conflicto vasco[41]. Un método que, en realidad, era una forma de prolongar la lucha político-militar que llevaba a cabo el MLNV[42].  Pues Herri Batasuna sacó en 1992 un lema que era también una promesa: Ayer logramos parar Lemoiz, hoy modificar la Autovía y mañana conseguiremos la Autodeterminación[43]. El mensaje de rearme moral y de ofensiva política, con la promesa de un mañana esplendoroso, encontraba en este conflicto una razón sólida.

Por otro lado, como documenta el historiador Iñaki Egaña:

“Ya desaparecida la seguridad de la autovía que sólo en su tramo navarro había costado más de cuatro mil millones de pesetas en tres años, se conoció que la prolongación del conflicto había sido fuente de enriquecimiento para ciertos políticos y mandos policiales. Los paradigmas de esta situación fueron Gabriel Urralburu y Javier González de Lara (políticos socialistas). El primero como presidente de la Diputación Navarra y responsable de las concesiones irregulares. El segundo, jefe de la Guardia Civil en Nafarroa en la década de los ochenta y coordinador de las empresas encargadas de la seguridad en la autovía[44]”.

Parte de la trama de la corrupción del PSOE, tan unida al periodo de la guerra sucia, encontró en este tema un campo abonado para sus prácticas. Y estalló junto con otras contradicciones, para desprestigio del propio sistema democrático que esos políticos representaban.

La lucha de la autovía del Leizarán mostró a las claras que el esquema maniqueo nacionalismo/constitucionalismo, aplicado al conflicto vasco, era un esquema totalmente inadecuado. El carácter de la lucha del MLNV hizo abstracción de que los detentadores de la Administración eran, en parte, nacionalistas. El MLNV fue a lo que quería ir, a rcar un pulso con todo el sistema institucional, montando sus propios organismos paralelos y enlazándolos entre sí.

Mostró también que la retórica antiterrorista del Pacto de Ajuria Enea topaba con el límite de la voluntad política del partido liderador del turno, en este caso el PNV, que consiguió implicar a cambio de prebendas políticas y alianzas interesadas al PSOE y al PP en contra de su partido competidor, Eusko Alkartasuna. Ello supuso una ruptura práctica del Pacto, con lo que el MLNV consiguió convertir la táctica (la lucha sectorial de la autovía) en estrategia (ruptura de la unidad de las fuerzas enemigas).

Uno de los máximos protagonistas de estos eventos, Jonan Fernández, el jefe de la coordinadora Lurraldea, pasaría a formar un organismo dedicado a la resolución de conflictos como era Elkarri. Esto constituía parte de un plan esbozado por KAS en el que, en vista del éxito logrado con la lucha de Lurraldea, pretendían aplicar un organigrama similar de cara a la generalidad del conflicto vasco. Jonan Fernández y Elkarri tendría éxito notable en un campo que había causado numerosos quebraderos de cabeza al MLNV, el campo de los Movimientos Pacifistas[45].

Finalmente, otra de las paradojas de este problema fue que el colectivo de los ecologistas consideró que el trazado pactado entre la nueva Diputación presidida por el político del PNV Eli Galdos y la Coordinadora, era un amaño sin dimensión ecológica alguna. Pues menciona Iñaki Egaña que “un sector del movimiento ecologista vasco” que denuncio las limitaciones del nuevo trazado “reafirmó su oposición al proyecto[46]”. Era evidente que para la Coordinadora y para el MLNV el trazado en si no era lo importante, sino el simple hecho de que tuviera que ser condicionado de forma externa por la Coordinadora y por ETA y, por tanto, cualquier modificación valía para exhibir una victoria.

Era evidentemente una victoria política, que nada tenía que ver con el ecologismo o sus concepciones. Una victoria en un frente (el de la autovía) en el MLNV estuvo a punto de ser derrotado y en un momento claro de soledad política y social. Y fue además una experiencia para volver a adaptar al movimiento a los nuevos tiempos.

El esquema ideado por Askapena para el conflicto del TAV vemos que se ajusta a la perfección en esta experiencia anterior. La oposición democracia representativa/democracia popular queda clara en términos de conflicto global y local, además de la participación de ETA, que en ambos conflictos supone un salto cualitativo. La diferencia fundamental es que en el conflicto del TAV no ha destacado todavía el liderazgo carismático que ejerció Jonan Fernández, que logró para el MLNV una de sus victorias más preciadas. Conseguiría otras, pero ese es otra historia.

Imanol Lizarralde



[1] Iker Casanova, op., cit., p. 370.

[2] Letamendia, ETA y el Gobierno del PSOE, p. 347. Son declaraciones del jefe de la Coordinadora Lurraldea, Jonan Fernández. Según Letamendia, “el movimiento anti-Autovía” es “operativo desde 1977”.

[3] Florencio Domínguez, ETA: Estrategia Organizativa y Actuaciones, Servicio Editorial Universidad del País Vasco, Bilbao, 1998, p. 248.

[4] Idem, p. 249.

[5] Jonan Fernández, La Autovía en el Espejo, Txalaparta, Tafalla, 1989.

[6] Idem, p. 48-9.

[7] Idem, p. 43.

[8] Idem, p. 42.

[9] Idem, p. 59.

[10] Idem, p. 34.

[11] Idem, p. 35.

[12] Idem, p. 44.

[13] Idem, p. 57.

[14] Idem, p. 54.

[15] Idem, p. 57.

[16] Idem, p. 85.

[17] Idem, p. 88.

[18] Idem, p. 89.

[19] Idem, p. 93-4.

[20] Jonan Fernández sigue insistiendo en ese tema: “La única pregunta que queda por responder es si ese tramo entre Irurzun y Andoain es de posible interés militar. La respuesta, tras haber consultado a diversos expertos en el tema, es inequívocamente afirmativa”. (Idem, p. 96).

[21] Iker Casanova, op., cit., p. 362-3.

[22] Jonan Fernández, op., cit., p. 19.

[23] ASK mostraba otro paralelismo de este conflicto respecto a Lemóniz: “La ejemplar lucha conra Lemoiz es valiosa por varios motivos, entre los que destacan la sabia interrelación de todos los métodos, el carácter abierto y participativo, (…) una perfecta utilización de todos los canales de denuncia, un neto contenido nacional” (Letamendia, ETA y el Gobierno del PSOE, p. 349).

[24] Idem, p. 115.

[25] Idem, p. 49.

[26] Idem, p. 117.

[27] Idem, p. 118.

[28] Iñaki Egaña, Diccionario histórico-político de Euskal Herria, Txalaparte, Tafalla, 1996, p. 89.

[29] Idem, p. 88.

[30] Jonan Fernández, op., cit., p. 122.

[31] Idem, p. 119.

[32] Florencio Domínguez, ETA: estrategia… p. 255.

[33] Idem, p. 254-5.

[34] Idem, p. 255.

[35] Idem. Según la periodista Carmen Gurruchaga: “Otra de las convicciones de Txelis es que ETA no puede permitirse el lujo de perder a un activista por haber realizado acciones menores como quemar un coche o algún local relacionado con intereses franceses, por ejemplo. Así pues, diseña un entramado de grupos de apoyo a la estrategia terrorista, formado por jóvenes menores de edad, que no puedan ser juzgados por no tener edad penal. Además, como lo que realizan son destrozos materiales menores, para lo que utilizan elementos mecánicos, si son detenidos, serán juzgados por un delito de faltas, lo que, en caso de ser condenados, se corresponde con una pena que nunca será superior a dos años, y que en España, si es la primera condena, no se cumple. A estos grupos los denomina comandos X, Y y Z. Los primeros estarían encargados de labores de agitación política; los segundos, de los sabotajes a intereses públicos o privados y los terceros son los comandos de la propia organización ETA”. (Carmen Gurruchaga, Los jefes de ETA, Madrid, La Esfera, 2001, p. 288-9.

[36] Idem, p. 256.

[37] Carmen Gurruchaga, op., cit.,  p. 281.

[38] Carlos Garaikoetxea, op, cit., p. 294.

[39] Idem.

[41] Como dice el periodista Xabier Gabilondo en un artículo, EA abandonó el Pacto de Ajuria Enea con motivo a esta cuestión: “El conflicto se solventó con la declaración del Pacto de que “cualquier iniciativa particular de diálogo que un partido considere conveniente, antes de ser puesta en práctica deberá de ser comunicada y debatida en la Mesa en orden a conseguir un mayor consenso”. “Sólo un consenso entre los Partidos representados en esta Mesa podría avalar en las Instituciones la legitimidad democrática de los eventuales acuerdos que pudieran alcanzarse (con HB)” (El Mundo, 12-1-1999).

[42] Carlos Garaikoetxea, entonces presidente de EA, cuenta lo siguiente de unas jornadas organizadas en 1991 por la asociación pacifista Gernika Gogoratuz, en un curso de colaboración con expertos en mediación de conflictos en la Universidad George Mason de Virginia, en los EEUU. Allí se reunieron representantes políticos de todos los partidos vascos, incluido Herri Batasuna con la representación de Iñaki Aldekoa y Txemi Gorostiza: “Nuestros representantes en las jornadas regresaron sorprendidos por el diferente lenguaje que escucharon en Virginia, especialmente en boca de los representantes del PP, que llegaron a admitir con desparpajo el principio de autodeterminación y sugirieron la posibilidad de una cesión ante las exigencias de ETA para el cambio en el trazado de la autovía de Leizarán (…) que en aquellos momentos era la principal bandera elegida por ETA para mantener su pulso con las instituciones vascas” (op., cit., p. 292-3).

[43] Iñaki Egaña, op., cit., p. 90.

[44] Idem, p. 90-1.

[45] Era un texto de KAS que decía tal cosa: “Juan María Atutxa, confirmó ayer en Vitoria que ETA, según documentos de la banda, pretende convertir la coordinadora ecologista Lurraldea, defensora de alternativas al trazado oficial de la autovía de Leizarán, en un movimiento en pro de la paz y del diálogo que no exija el fin de la banda armada” (El País, 8-9-1992).

[46] Idem, p. 90.