Artxibo rtf
(48 - 2009ko Ekaina)

El polo estratégico

A la vista de las consecuencias de las elecciones vascas, el ‘gran juego’ de la política vasca está marcando continuidades sustanciales: la consolidación de la espiral que enfrenta a quienes hacen de Euskadi ‘cuestión de Estado’ y a quienes quieren que nuestro país sea ‘foco de antiEstado’. Aunque, también se han producido modificaciones decisivas que afectan directamente al lugar que ocupan las fuerzas políticas más importantes y, consecuentemente, al papel que estas desempeñan, papel que a partir de estas elecciones puede ser muy diferente.

Uno de los cambios más importantes que se ha producido afecta al inquilinato del Gobierno Vasco. Y este es un tema importante por varias razones. El nacionalismo había cifrado casi toda su expectativa de contribuir a superar la dialéctica Estado/antiEstado en la conservación del poder institucional vasco, con imagen y cualidades de Estado, abandonando pretensiones de organizar de una sociedad fuerte, articulada, ámbito en el que se ha movido mejor el antiEstado.

Desde el Gobierno, el nacionalismo ha tenido éxito prácticamente en todos los terrenos, cultural, económico y político, al representar su acción en ese ‘justo medio’, en ese cauce central donde se cimenta la armonía social, a recaudo de las tentaciones de orillarse y fragmentar la sociedad. Hoy, sin el Gobierno, el nacionalismo se encuentra sin el instrumento de ‘cauce central’.

El Gobierno, por el contrario, se ha conformado con criterio de Estado. El pacto imposible ha sido posible: el nacionalismo vasco había de ser derrotado o domesticado, inaccesible esta opción, el nacionalismo vasco ha sido derrotado. Hasta los graves problemas de gobernabilidad de España han cedido paso a este acontecimiento histórico: en Ajuriaenea se sentará al fin un político leal al Estado.

El antiEstado lo ha identificado ya así: el Estado está nítidamente identificado en Gasteiz-Ajuriaenea, sólo hay dos proyectos, el del Estado burgués y el independentista antiEstado como dice el responsable de relaciones exteriores de Batasuna Iñaki Gil de San Vicente el 31 de marzo del 2009 ’hay que acabar con el Estado burgués y hay que crear uno, dos, tres… cien Estados obreros y populares, independientes e internacionalistas”; Y Arnaldo Otegi en una entrevista del 30 de noviembre: “construir un Estado desde la izquierda”. Para ello, las palabras más repetidas son, ‘una’ y ‘estrategia’: ‘una estrategia eficaz’ (Otegi, misma entrevista y siguientes comparecencias, Antxon Etxebeste, vísperas Aberri eguna)), ‘una estrategia nacional’ (Eztabaidagunea, aberri eguna), ‘estrategia única’ (ETA, aberri eguna). Hay que construir un ‘muro’ (ETA, durante el Aberri Eguna), una línea de frente que busca fracturar el país, entre amigos y enemigos, víctimas y verdugos,…

Ambas estrategias confluyen en la espiral o el foco. Confluyen y luchan, combaten antagónicamente entre ellas, el Estado reconoce en el antiEstado su mayor enemigo y el antiEstado lo hace en el Estado.

El mensaje de ambos al nacionalismo vasco es el mismo: ‘o conmigo o contra mí’. Es un emplazamiento que acarrea graves riesgos a un nacionalismo, hoy más institucional (así se le llega a llamar, lamentablemente) que social, que ve como esa perdida institucional (parcial) le sitúa con menos margen de maniobra política para enfrentarse a la espiral entre Guatemala y Guatepeor. De ahí la angustia en la que se vive en muchos ambientes nacionalistas de cierta responsabilidad.

¿Qué hacer? Ya se ha dicho en otras ocasiones: sólo una línea de cauce central puede integrar. Hay que evitar echarse en brazos, alistarse, integrarse, buscar abrigo en cualquiera de esas dos orillas. Los nacionalistas tenemos que tener nuestra propia estrategia de afrontamiento de la situación. El punto de partida consiste, para el nacionalismo, en definir quien es el enemigo y quien es el amigo. No haría falta realizar un ejercicio de elevación del listón ético para concluir que el enemigo es ETA y que, dentro de los límites del Árbol de Malato, tenemos que combatirlos hasta su renuncia o derrota. Y el enfrentamiento en el Parlamento Vasco, la oposición debe ser al gobierno, a las medidas del gobierno, y no al sistema, ya que son las instituciones vascas las que deben salir fortalecidas.

La mirada a los agentes que militarán en las dos estrategias Estado/antiEstado no puede ser por lo tanto equidistante, ya que las instituciones vascas, que el MLNV incluye dentro del Estado, ahora con más redundancia, son una articulación política que busca la realización de fines y voluntades de los ciudadanos mientras que el antiEstado es también antisociedad, es la forma social que tiene el MLNV de condicionar a los ciudadanos mediante sus movimientos populares y sus grupos clandestinos de lucha, destruyendo la normalidad política por medio del condicionamiento de la convivencia ciudadana.

Dentro de este esquema de confrontación, el MLNV campa a sus anchas. Por qué ha culminado un objetivo que durante Lizarra-Garazi y en los momentos inmediatamente posteriores, en 1999-2001, no consiguió, aunque lo tuviera in mente: el descabalgamiento del nacionalismo del Gobierno Vasco y de la Lendakaritza. Si bien la resaca del último proceso de paz había llevado a la izquierda radical a las troneras, esta ha conseguido reforzar la cohesión y levantar el ánimo, y mediante la reflexión y la acción ha pasado ese duro momento, no sólo por que la debilidad interna ha desaparecido, sino también porque, como hemos dicho antes, las condiciones externas dentro del contexto político tras las elecciones al parlamento vasco, han cambiado de forma favorable para la dinámica del conflicto.

Ahora, en cambio, los estrategas del MLNV tratan de conformar el gemelo de Lizarra-Garazi, el polo de acumulación de fuerzas, el que llamamos “polo estratégico” porque representa la unidad de fuerzas de izquierda y “abertzale”. Así dice ETA en su último comunicado: “mientras se de el paso de los discursos a las palabras que nadie pida ETA que deje la lucha con las armas en contra del enemigo”. Esta frase retorcida escrita en pasiva en el original euskérico, traducida en español a un modo activo adquiere una mayor claridad: ETA puede dejar de usar las armas, si los grupos y partidos reclamados se inclinaran al proyecto y las intenciones de ETA.

Este es el mismo esquema que el de Lizarra-Garazi. No estamos todavía en una fase de paz negociada, sino en la fase previa de acumulación de fuerzas, en la que el polo estratégico (el antiEstado, el que busca la confrontación con el Estado) pretende dar a la lucha un talante más ofensivo, aunque sea dentro de un alto el fuego. No hay más que recordar lo que decía Rafa Díez para hacer Lizarra (19-10-1997): “la pregunta sobre el acoplamiento o no acoplamiento de la lucha armada hay que hacerla de otra manera: ¿qué estamos dispuestos a hacer en las instituciones y en el campo social para que los militantes vascos consideren que la lucha armada no es necesaria?”

Pero si este nuevo proceso posee analogías con el de Lizarra-Garazi, también tiene diferencias claras. El fin estratégico de la acumulación de fuerzas no se limita a la territorialidad de Euskalerria y a la proclama de su capacidad de decisión. Es verdad que estos objetivos continúan siendo, desde la perspectiva del MLNV, la base de la solución del “conflicto”. Son los mínimos para ello.

Pero la solución del “conflicto” no es el objetivo “estratégico”, sino un simple puente para seguir adelantando por el camino del socialismo. Y la simple resolución del “conflicto”, conseguida la territorialidad y la capacidad de decidir, no garantiza esa resolución sino la puede capitalizar la izquierda radical, convirtiéndose en la primera fuerza política vasca. Y para conseguir esta hegemonía, hay que deshacer el espacio político que conforman el PNV y EA. Primero, convirtiendo al PNV en enemigo. Segundo, llevando a EA al espacio del MLNV. Por eso esto constituye una remodelación del antiguo Lizarra, un Lizarra nuevo. Es por ello que decía Antxon Etxebeste, el viejo líder de ETA: la cuestión estratégica no es la autodeterminación, la cuestión estratégica es el modelo de sociedad. Este nuevo Lizarra será para aquellos que toman la independencia y el socialismo como una misma cosa. El polo, más que soberanista, tiene que ser socialista. Por eso mismo, para ETA el tema estratégico actual no es el del proceso de paz.

En torno al polo estratégico/polo soberanista, precisamente, se desarrolla el epicentro de la mayor inestabilidad política. Afecta a Batasuna, EA y Aralar. Se desarrolla conforme a un guión que puede llevar aparejado, en el momento en que sea preciso, ‘un cese de actividades armadas’ por parte de ETA. El último comunicado de ETA establecía las condiciones mínimas, ya citadas, para ello. Como contraprestación, ETA obligaría a que el polo se estableciera como ‘muro’ de resistencia, para conservar sus virtualidades en el seno del ‘foco decisivo de la lucha revolucionaria en el interior del capitalismo internacionalista’.

Pero, se entrevé que la estructura del polo no será monolítica. Que, manifestará al menos tres grados de compromiso:

1. El mínimo táctico (mínimo común a todos), formulado como resolución de conflicto, articulado en torno a la autodeterminación y el cuestión territorial.

2. El mínimo estratégico, como identificación de socialismo con anticapitalismo, anticapitalismo con antiestatalismo y antiestatalismo con independentismo, y que buscará la creación de un frente que se valga del estímulo de masas que podría generar una resolución del conflicto exitosa para aspirar a la hegemonía política. De esta vertiente, ELA (por ahora) quedaría al margen y Aralar también.

3. El máximo esencialista, los comprometidos con que las apuestas táctica y estratégica no diluyan la virtualidad estructural del foco revolucionario vasco.

Todo esto, que duda cabe, ha hecho estallar la crisis interna en EA, obligando a su sector minoritario, (aunque más poderoso institucionalmente) que ha estado viviendo un periodo asambleario, de debates y consultas internas y externas, de gran intensidad, a tomar decisiones graves y transcendentales, como la creación de un nuevo grupo político, Alkarbide. Podría provocar un distanciamiento paulatino del modelo Aralar respecto del esquema de ‘polo soberanista’, también en lo referente al modelo táctico de resolución del conflicto. Y podría abrir una fisura, a más plazo, entre los compromisos estratégico y esencialista, por los diferentes requerimientos que a ambos puede hacer la realidad social vasca.

Conclusión: A corto plazo, el panorama vasco a la izquierda del PNV se puede atomizar y, aunque la fuerza más importante siga siendo Batasuna, es una Batasuna que no podría aspirar -ni con la agrupación con otras fuerzas- a más de 150.000 votos, muy lejos de sus registros históricos. La EA oficial no le va a aportar ni la mitad de los 37.000 votos obtenidos el 1-M. Por eso, necesita del estímulo de la paz, de la resolución del conflicto, por mimesis con Irlanda y la ascendente evolución del Sinn Fein. (2009-05-15).

 

Andoni Sanz, Xabier Iparragirre