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(46 - 2008ko Abendua)

REGRESO A LA RESISTENCIA

┐CÓMO GESTIONA ETA SU NUEVO TIEMPO?

El hombre que dirige la seguridad del Estado, Antonio Camacho, ha dicho recientemente (El Correo, 24/11/2008) que ‘ETA cada vez es más débil porque el Estado es más fuerte’. La alusión de Camacho a que la organización terrorista padece ‘un proceso de hemorragia masiva’, y en general todo el tenor de la entrevista, creo que responde más a un ejercicio de autosuficiencia, que busca impresionar a la opinión pública, que a una descripción fiel de la realidad del terrorismo vasco. Trataré de explicar mi posición a lo largo de este artículo.

Es cierto que, tras la ruptura de la tregua, las cosas se han puesto difíciles para ETA. En primer lugar, ya que resulta innegable que la sociedad atribuye a ETA el fracaso de la última tentativa de paz. En segundo lugar, puesto que, abierta de nuevo la confrontación total, se ha desplegado una gran ofensiva antiterrorista en todos los frentes. Y en tercer lugar, porque la misma ETA es consciente de que la concurrencia de ambos factores (el desafecto social y el acosamiento antiterrorista) estrecha su repertorio de opciones estratégicas, tanto en el aspecto político como en el operativo.

Repliegue estratégico. Lejos de ceder, sin embargo, la organización terrorista ha acomodado su estrategia a esta nueva situación de cerco. La declaración publicada por ETA la pasada semana nos muestra con claridad que la organización terrorista vuelve a un esquema que se corresponde con un ciclo de defensa estratégica. En primer lugar, de acuerdo con el principio maoísta, ‘cuando el enemigo avanza, nosotros retrocedemos’, ETA procede hoy a replegarse sobre sí misma al abrigo del suelo más seguro. Suturar las brechas internas, aglutinar la infraestructura de apoyo, aunque reduciendo el frente de choque y abandonando espacio ante el progreso del enemigo. Y procede así a ganar tiempo. Cuestión que no es en absoluto vana: cuando ETA gana tiempo, son sus enemigos los que lo pierden. O, dicho al estilo de Raymond Aron, el terrorismo gana cuando no pierde y el antiterrorismo pierde cuando no gana.

A esta determinación estratégica se amoldan el discurso y las acciones del mundo de ETA. El discurso busca cohesionar, blindar, cerrar fisuras en sus filas. Para ello, se fortifica tras una retórica de tono totalitario, irreductible, inconciliable, aunque muy sensible para la cultura de la base de apoyo a la que se repliega. Este lenguaje busca estimular la reacción frente a una situación de emergencia, cuya evolución inmediata se pinta como espantosa. ETA se auto-identifica con el pueblo vasco, la acción armada es autodefensa frente a la agresión y también frente a la dictadura global capitalista,… ‘Los demás, todos ellos son enemigos’, es la norma en la fase de retirada estratégica. El tiempo de la paz ha quedado atrás, ahora toca resistir. Las acciones, por su parte, persiguen mostrar la capacidad de resistencia del terrorismo y demostrar a sus enemigos el tremendo coste que van a contraer de persistir en su intento de derrotar al MLNV.

En este contexto, sobrevivirán determinadas plataformas que, al estilo de Nazio Eztabaidagunea, funcionan como reclamo, porque se espera de ellas mejores prestaciones como puntal de contraofensiva (es decir, ‘cuando el enemigo acampa, lo hostigamos’). Pero, en un momento de repliegue, la clave principal no reside en la capacidad de interrelacionarse con fuerzas periféricas más o menos receptivas, pero fluctuantes. No se puede organizar una resistencia efectiva sin redimensionar las organizaciones y las iniciativas de distensión para adecuarlas a las nuevas condiciones del enfrentamiento, que hoy se despliega al modo de una ‘guerra de posiciones’. La citada clave principal se organiza, por ello, alrededor de una dinámica de resistencia y se sitúa en la solidez de la ‘infrapolítica’, en la solvencia de una infraestructura de apoyo, que puede ser agitada y movilizada como barrera infranqueable, inasequible al abandono de la lucha.

En lo que a las acciones terroristas se refiere, parece claro que en esta fase defensiva éstas se desarrollarán aquí, cerca de su entorno más resistente. ETA realizará acciones tremendas que pondrán a prueba el nivel de afecto a la causa de su base de apoyo, pero está resuelta a enseñar los dientes y a no ceder.

Continuar en las dos. ETA es ‘bietan jarrai’. Su obsesión es continuar. Aunque, no se trata de continuar por inercia, por pura incapacidad de poner fin a la espiral de violencia. Continuar en las dos, significa no abandonar, no rendirse, continuar alimentando el conflicto mediante sus dos brazos, político y militar.

El repliegue, sin duda, es consecuencia de un debilitamiento. Pero, no nos engañemos, es una debilidad de la que la organización terrorista tiene plena conciencia y ante la que reacciona estratégicamente. No estamos, pues, ante el umbral de la renuncia o el desistimiento. ETA legitima de nuevo el recurso a las armas como ‘autodefensa popular’ frente a un sistema que denuncia como opresivo. Aunque, no se queda ahí. Practica, además, una estrategia que promueve la interacción efectiva de los medios pacíficos de lucha con las acciones violentas.

De esta manera, como ya es conocido, ETA concibe su ‘lucha armada’ como ‘justa’ respuesta y a la vez ‘justa’ anticipación; es decir, busca el contrapeso de violencia y de terror, incluso como ‘amenaza preventiva’, ante la violencia del poder (Gil de San Vicente, Herria 2000 Eliza n║ 215-2008). El reconocimiento que el MLNV otorga al valor de las armas, reconocimiento del que no se apartan ni sus escindidos, proviene del prestigio histórico que, entre los movimientos revolucionarios, posee la violencia como herramienta eficaz a la hora de resolver los procesos políticos.

El repliegue hoy busca limitar el retroceso, confirmar esta decisión de permanecer. Pero, anticipa a la vez la contraofensiva, ya que un comportamiento defensivo manifiesta ambos movimientos. Cuando la acometida del Estado supere, en términos de Clausewitz, su punto culminante de victoria, ETA confía en abrir de nuevo una fase de ofensiva que llevaría al Estado a sentarse de nuevo –‘les haremos sentarse otra vez’- con la organización.

Debemos trabajar el apoyo popular. ETA mata y destruye. Por eso, ‘ETA es el mayor enemigo, el obstáculo más grande para que el pueblo vasco haga su camino’, tal y como expresó el lehendakari Ibarretxe. Es el mayor enemigo para que Euskadi desarrolle una política democrática que gire en torno a la materialización de su voluntad. Es enemigo para el progreso de la cohesión en la sociedad vasca. Es enemigo del que debemos defendernos y al que rechazamos en sus medios y en sus fines. Conviene no olvidarlo. A la vista de las nuevas elecciones vascas, la frontera política principal deberá establecerse en el lugar de siempre: el posicionamiento ético y político contra ETA.

Tampoco conviene olvidar que ETA concibe sus acciones terroristas en el marco de una ‘guerra popular prolongada’. La experiencia nos muestra el coste (en fracasos) del descuido reincidente de nuestros gobernantes a la hora de menospreciar esta naturaleza ‘popular’ y ‘prolongada’ de la acción de ETA. El fin de ésta requerirá, alternativamente, una gestión más competente del tiempo, un planteamiento de seguridad pública más eficaz y una apuesta permanente por la supremacía de la voluntad popular frente a la espiral de violencia.

Creer que esta espiral se va a resolver por la pura vía de elevar, con profusión de medidas excepcionales, la eficacia de los brazos coercitivos del Estado o pretender que esta espiral se vaya a resolver en un acto de negociación política con sus dirigentes, de una sentada, es despreciar el factor cuya presencia alimenta y cuya ausencia debilita su estrategia revolucionaria: el apoyo popular. Los atajos no llevan a ninguna parte.

Por eso, Antonio Camacho yerra cuando afirma que ‘ETA ha decidido acabar como los GRAPO’. No es así, en absoluto. Este pez no ha decidido abandonar el agua. Ha decidido sumergirse en aguas profundas, volver por una temporada a su contexto vital más arropado. Para que ETA acabe como los GRAPO, mucho habrá que trabajar en la labor de ‘quitarle el agua al pez’.

Lo decisivo, a este efecto, es el apoyo popular, la interacción satisfactoria entre una sociedad organizada y una política legitimada. ETA se crece ante el alejamiento entre la sociedad y las instituciones y se debilita ante el acierto de éstas en la integración popular. Integración popular que no depende de atajos ni necesariamente de la solemnidad de negociaciones en Argel o Ginebra, sino sobre todo del acierto que consiga la política [específicamente la política vasca] en la gestión, canalizando el consentimiento popular, del espacio y tiempo cotidianos, de la libertad, de la solidaridad y la felicidad de nuestros hombres y mujeres, de nuestras familias. Del acierto, en definitiva, en la gestión del presente y el futuro de nuestras empresas, de nuestras instituciones, de nuestro pueblo.

Joxan Rekondo

(2008/11/24)