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(45 - 2008ko Abuztua)

La estrategia del PSOE en el pasado proceso de paz

El PSOE se encuentra en Euskadi en estos momentos con unas circunstancias electorales favorables. Avalado por dos victorias electorales, con unas perspectivas inmejorables de cara a las próximas elecciones autonómicas para el Parlamento Vasco, ha orillado el fracaso del último proceso de paz y sus posibilidades de poder en Euskadi parecen más reales que nunca.

De todos los partidos políticos de Euskadi y España es el único que ha fraguado alianzas con el resto del arco sin excepciones. Ha pactado con el PP, con el PNV, con ETA. Y sigue manteniendo la llave de la interlocución con el resto de sus adversarios políticos, incluyendo al MLNV. Esto es lo que hace creíble que pudiendo llegar al poder en Vitoria de la mano del PP pueda llegar a fraguar un nuevo acuerdo de paz con ETA de cara a situaciones futuras. Ya lo ha hecho, cuando mantenía la alianza del Pacto Antiterrorista con el PP mientras negociaba con Batasuna y concluía con ella un acuerdo. El PSOE, además, ha renovado sin ninguna vergüenza este pacto con el PP por medio de un nuevo acuerdo contra el terrorismo sellado el pasado 23 de Julio entre Zapatero y Rajoy, acuerdo que mira fundamentalmente a las próximas elecciones al Parlamento Vasco.

Cuando hablamos de cómo se articulan en una línea coherente los acontecimientos políticos ocurridos en los últimos tiempos, el PSOE deja, en estos momentos, un legado de frustración de una posibilidad que quizá se haga más notoria con el transcurso del tiempo. Me refiero concretamente a la idea del ahora ex socialista Pasqual Maragall de plantear la superación de las limitaciones de la primera transición para iniciar una segunda transición. Tanto el político catalán como el ex presidente del PNV Josu Jon Imaz, que hablaba de unas segunda reforma democrática, pretendían que tras las sombras del aznarato se pudiese constituir en el estado español una alianza de fuerzas reformistas que liquidara con las últimas trazas del franquismo y pudiese llevar la política autonómica por la senda del pacto y de la estabilidad. La idea de Maragall de que España era un estado plurinacional, formado por diferentes naciones con sus respectivas pertenencias, no cuajó por la actitud antiestatutista de ERC y por la traición del PSOE a los postulados de Maragall, con el establecimiento de una reforma descafeinada del Estatuto, que ya comienza a mostrar sus problemas.

En el caso de Josu Jon Imaz la ambición era la de hacer coincidir el nuevo ciclo político, en función de una reforma pactada del Estatuto, con el final de ETA. Su marcha coincide sólo con un cambio de política de su partido sino con la apuesta definitiva del PSOE por seguir la estela de sus éxitos tácticos. En este sentido, tengamos en cuenta el factor de coherencia que ha tenido la estrategia del PSOE en los últimos años, desde sobre todo el 2004, que es debilitar al PNV.

El PSOE abortó el Plan Ibarretxe primero en las Cortes españolas y segundo legalizando la representación de EHAK en el Parlamento Vasco que fue factor decisivo en la derrota relativa de Ibarretxe y su alternativa en aquellas elecciones. Tras la ruptura del proceso de paz, el PSOE está tratando de seguir planteando una imagen vasquista de carácter cosmético, sin siquiera hablar ya de una posible reforma estatutaria o algún planteamiento acerca del autogobierno, fiado a la división interna del PNV tras la dimisión de Imaz. Y somete al PNV a operaciones como las de las mociones éticas. El PSOE ahora espera el poder político y ese es su próximo paso. Y para ello mantiene abiertos sus canales de alianza con el PP (reforzados por la renovación del pacto antiterrorista) y con el propio MLNV, sin descartar siquiera un pacto a la baja con el PNV.

En el presente trabajo nos interesa sobre todo la perspectiva y la trayectoria del PSOE en lo que se refiere al proceso de paz. Para eso me valdré de las declaraciones de un protagonista de excepción, como es el secretario general del PSOE de Gipuzkoa, Jesús Eguiguren, cuya participación durante años en las conversaciones con Batasuna fue notoria.

Dice Eguiguren: "(…) el gobierno de Ibarretxe y el PNV van a tener problemas crecientes hacia el final de la legislatura. Creo que se les va a complicar muchísimo por que la alternativa política en el País Vasco va tomando cuerpo (…) no veo yo en el horizonte gobiernos de coalición parecidos a los que hubo en los años ochenta. Aquello fue la época de las coaliciones. Eso es cosa del pasado. Hoy lo que la sociedad vasca pide es la alternancia". Parecen declaraciones recientes hechas a última hora. No lo son. Son declaraciones del 28-11-04, en el Diario Vasco, antes de que ETA manifestase su tregua y Batasuna sus conversaciones con el PSOE. Ya podemos ver nítida una de las líneas descritas de la estrategia del PSOE: la de desbancar electoralmente al PNV. Desbancarlo en el contexto de una política de planteamiento de un proceso de pacificación. Que es la parte que Eguiguren entonces nos ocultaba. Ocultación parcial ya que a continuación, preguntado si "al final intuye un "arreglo" entre los socialistas y la izquierda abertzale" responde: "Si, tarde o temprano se llegará a ese acuerdo".

Digamos también que ese acuerdo con Batasuna y con ETA no le parece a Eguiguren incompatible con su política de alianzas con el PP ya que también afirmaba: "La estrategia antiterrorista, definida por el Pacto por las Libertades y por la Ley de Partidos, ha sido un acierto". Con evidentes dosis de cinismo Eguguren casa la estrategia PP-PSOE (dirigida contra el PNV por supuesta connivencia de este con ETA) y las conversaciones secretas y los acuerdos públicos con Batasuna y ETA.

En una entrevista posterior (DV, 6-2-05), Eguiguren no duda en casi pitorrearse del desconcierto del nacionalismo por el apoyo parcial de Batasuna al Plan Ibarretxe en el Parlamento Vasco ("Ibarretxe ha perdido el control de los tiempos (…) No pensaba que el Pleno del Parlamento español se iba a celebrar en la fecha y en los términos en que se ha celebrado. Tampoco pensaba que Batasuna le iba a apoyar el plan en la Cámara de Vitoria"). Es muy comprensible la satisfacción del líder socialista de ver como el nacionalismo cayó en la trampa que conjuntamente le tendieron el PSOE y la izquierda radical, en una alianza que iba a formalizarse más adelante. Y remarca: "hace 25 años quedó fuera Batasuna y ahora quieren dejar fuera a Batasuna, al PSE al PP y a UA". Esto lo decía aquel que consideraba muy positiva la Ley de Partidos.

El PSOE planteaba un doble juego con un común denominador: labrarle a Patxi López la carrera a Ajuria Enea. A costa de traicionar a su socio del PP en el Pacto Antiterrorista y a costa de criminalizar al PNV mientras los socialistas mantenían secretamente un pacto con Batasuna. En el colmo del malabarismo, Jesús Eguiguren declaró antes de las elecciones del 2004 que "sólo podremos consensuar una reforma del Estatuto si el PNV pierde las elecciones" (El Mundo, 21-2-02). Donde el mensaje era claro: más allá de toda las alusiones a que Ibarretxe excluía a la mayoría de la población vasca, por encima de ello, el PSOE disponía de un poder de veto, que implícitamente alude Eguiguren dejando asomar la sombra del todopoderoso Gobierno del Estado, asegurando que o gana el PSOE o no habrá ninguna reforma. En eso resultó ser un profeta.

En otros ámbitos, como por ejemplo, en el del proceso de paz propiamente dicho, la capacidad profética de Eguiguren se eclipsó totalmente. Una vez ya anunciado el Alto el Fuego por parte de ETA, preguntado de si era optimista (DV, 23-3-2006) no dudó en replicar: "Soy realista, que uno no está ya para pecar de ingenuidades y también está uno bastante escarmentado. Tengo una fe ciega de que este proceso de paz va a salir bien (…) esta vez los pilares y los cimientos del edificio están muy bien construidos y eso permitirá que esto salga bien (…) para el País Vasco será una apertura de una época de paz y de convivencia".

Estas declaraciones, el optimismo exacerbado, la "fe ciega" de Eguiguren de que el fracasado proceso de paz era irrompible, muestran un nuevo aspecto añadido de la estrategia socialista: la confianza en que el MLNV iba a verse contentado por una serie de contrapartidas políticas que fueron las que se pactaron en Loyola.

En esa clave hay que entender la polémica Urkullu-Eguiguren acerca de las conversaciones de Loyola. Pues no hay que olvidar que el Lehendakari Juan José Ibarretxe propuso al presidente Zapatero los mismos contenidos que en Loyola los socialistas quisieron pactar con Batasuna, pero que esta rechazó.

El presidente del PNV, Iñigo Urkullu, acusaba a los socialistas y el gobierno español de que estaban dispuestos a pactar y negociar con los representantes políticos de un movimiento que disponía de organización terrorista unos contenidos políticos que rechazaban pactar con el Lehendakari, representante al fin y al cabo de la mayoría de los vascos. Eguiguren elude aludir directamente a la acusación. No alude en ningún momento el objeto de la acusación, sino que replica directamente que la crítica de Urkullu es "una frivolidad que pone en riesgo futuros diálogos para la normalización" (DV, 9-6-2008). A lo que añade: "no queremos que un mal ambiente frustre cualquier posibilidad de diálogo y acuerdos de cara al futuro". Y califica las acusaciones de Urkullu de "argumentos que descalifican el proceso de paz y abortan cualquier posibilidad de acuerdo y entendimiento político en el futuro".

De estas palabras podemos sacar varias conclusiones. Que Jesús Eguiguren y el PSOE siguen teniendo "fe ciega" en el fallido proceso de paz, puesto que critican a Urkullu por descalificarlo por que consideran que es posible "un acuerdo y entendimiento político en el futuro". Acuerdo y entendimiento ¿Con quien? No, evidentemente, con un PNV al que consideran van a batir en las próximas elecciones. No con un PP al que le tienen ya pillado por la vertiente antiterrorista y con el cual piensan gobernar en Ajuria Enea. El acuerdo será con Batasuna y con ETA. A ellos quieren ofrecer como objeto de negociación aquello que niegan a Juan José Ibarretxe.

El juego de trampas y traiciones y dobles interlocuciones que lleva siguiendo el PSOE no sólo en Euskadi puede llevarle a la victoria electoral, ayudado todo hay que decirlo por los gravísimos errores de los nacionalistas. Pero lo cierto es que no existe por parte de los socialistas el menor rastro de una lectura de este proceso de paz. Los socialistas consideran (contra todas las evidencias de que constamos) que el MLNV quiere llegar a la paz a cambio de una serie de concesiones políticas, como son los contenidos políticos de Loyola, que Batasuna además ya rechazó y que con su habitual cinismo, una vez rota la tregua y que recomenzado el computo de cadáveres, nombra ahora como una ocasión perdida. Eguiguren y los socialistas siguen confiando plenamente en un proceso de paz saldado por un fallo estrepitoso. Se niegan a reconocer la naturaleza ideológica del MLNV, que no va a contentarse nunca con concesiones políticas, puesto que su objetivo es hacer perdurar dentro del sistema democrático su lucha político-militar.

El aspecto político del asunto no es algo menor. El PSOE considera que existe una reserva de reivindicaciones políticas respecto al autogobierno del País Vasco que piensa sólo tiene que negociar con los representantes políticos de ETA, como precio político de la paz. No otro sentido tienen las palabras de Eguiguren. Dice la misma entrevista: "Eguiguren ha encuadrado el diálogo desarrollado en el santuario de Loyola con el mundo radical como una experiencia excepcional que tenía como objetivo garantizar la plena integración de la izquierda abertzale en el juego democrático". La "plena integración de la izquierda abertzale en el juego democrático" fue también el objetivo de los nacionalistas vascos en Lizarra-Garazi y también fracasó. Fracasó por un error de base, de localización de la ideología y de la forma de actuación de la izquierda revolucionaria vasca.

El MLNV no quiere integrarse en el "juego democrático" sino utilizarlo a su antojo y además aprovecharse del estatus de fuerza negociadora otorgado por la intervención armada de ETA. Lo peor para Euskadi puede ser no sólo la posible alternancia política con un PSOE que no propone ni se compromete a nada en materia de autogobierno (al contrario, con el caso de Catalunya marca en este ámbito un nuevo timo); lo peor es que el PSOE esté dispuesto a hurtar el papel democrático de las instituciones y la representatividad del pueblo vasco con la confianza de que ETA cederá la lucha armada a cambio de una serie de prerrogativas políticas; el reproche de Eguiguren a Urkullu se basa en la confianza ciega en un "proceso de paz" que ha sido un fracaso. Tengámoslo en cuenta.

Imanol Lizarralde